20 mayo, 2010

La mente en blanco...

Me despertó el suave roce de su cuerpo desnudo. Allí estaba Blanca, a mi lado, moviéndose entre sueños y dibujando la silueta de sus pechos y el cuerpo desnudo entre la sábana. Y yo preguntándome cómo había terminado pasando la noche allí. Atravesaba una racha en la que todo me parecía igual cada vez que estaba con alguna chica. El mismo ritual que terminaba por aburrirme y llevándome fuera de la cama en cuanto ellas se quedaban dormidas después de hacer el amor.
Parece que en esta ocasión algo de Blanca me había llenado de tal manera que me obligó a seguir a su lado. Traté de recordar. Lo cierto es que la ginebra de la noche suele provocarme lagunas por la mañana. Me vino a la mente el momento de llegar a su casa, ya en el ascensor casi nos rompemos la ropa. Yo cogiendo sus pechos por detrás, con las manos metidas dentro de su jersey y el sujetador arrancado mientras le acariciaba el cuello con la lengua. Ella contonéandose y rozando sus nalgas en mi pantalón, donde ya tenía que notar mi gran erección. No dio tiempo a cerrar la puerta cuando yo ya tenía los pantalones en los tobillos y ella todo el pecho al aire. Apartando su corta melena de la cara vi el gesto inconfundible de querer llevarse mi pene a la boca. Y así, arrodillada en el pasillo, disfrute de las primeras caricias de su lengua alrededor de mis testículos mientras su mano se movia acompasada arriba y abajo. No parecía dominar tanto la lengua cuando la besé por primera vez. Describía unos círculos perfectos alrededor de mi glande. Mi excitación era tal, que si aquel masaje continuaba, poco podría hacer por evitar descargar todo mi esperma en su boca sin intentar antes compensar un poco todo ese placer. Ella insistía. Sólo dejo de engullirme para decir - "Tranquilo, quiero sentir todos tus fluidos dentro de mi boca, mas tarde habrá más". Así llegué al orgasmo, conteniendo un grito mientras ella rebosaba caldo por la comisura de los labios para tragarlo posteriormente.

Cuándo terminó, con la boca aún caliente y húmeda, Blanca me besó. Lo que recuerdo después, es una sesión habitual de lujuria en la cama. Cada caricia, cada beso, cada penetración seguía en mi recuerdo como algo normal. Sí tenía en la mente la forma en la que eyaculé por segunda vez, tras los inagotables vaivenes de su cintura mientras estaba encima de mí y, su cara de placer mientras el calor de mi erección penetraba su cavidad inundada por un flujo como no había visto en mucho tiempo. Creo que se corrió un par de veces seguidas. ¿Por qué estaba yo allí? Seguía preguntándomelo cuando al fin vi cómo Blanca abría los ojos y me miraba sonriente a la vez que libidinosa. Mi cabeza algo más despejada que la noche anterior solo me pedía irme de allí. Pero entonces ella me besó y, sin pronunciar palabra comenzó a recorrer con su lengua mi cuerpo hasta volver al sitio que más le gustaba. Nunca imaginé a alguien que disfrutara tanto con la boca llena. Entonces hizo algo que me refrescó en la mente una sensación vivida la noche anterior. Me levantó ligeramente las piernas y comenzó a dibujar círculos con su lengua alrededor de mi ano mientras me masturbaba con suavidad. Creo que ella también quiso disfrutar porque se colocó en posición para un 69. Empecé a corresponderle chupando sus labios mayores mientras, ayudado con los dedos apartaba para dejar libre el clítoris.
Entretanto, inconscientemente, en mi mente seguía la sensación de lo que ella estaba haciendo; pero esta vez mi cuerpo estaba mucho mas relajado. La oía jadear por el placer de mi lengua a la vez que aceleraba el movimiento de su mano. Mi deseo era penetrarla para descubrir qué demonios pude sentir la noche anterior con mi pene en su interior rodeado de su ardiente flujo. Pero ella llegó al orgasmo antes de proponerle que se girara y se la metiera estando encima de mí. Su orgasmo fue corto, pero muy intenso. Había quedado empapada al igual que mi cara. Entonces volvió a la posición en la que había comenzado todo. Ésta vez, empezó a chupar mientras la caricia anal la ofrecía con el dedo. En ese momento lo vi claro. Me dejé llevar.

Nunca había sucedido pero, según sabía, iba a tener el mejor orgasmo que se puede sentir. Y esta vez me encontraba con la mente totalmente abierta a lo que pudiera pasar, la pena es que la noche anterior este juego me pasara desapercibido porque mi mente estaba pensando que Blanca era otra chica más de la racha en la que todo me parecía igual cada vez que estaba con alguna chica. Al final, con las piernas ligeramente levantadas, mi pene entrando y saliendo con fruición de su boca mientras ayudaba de la mano y, el masaje anal con su dedo, estallé en un grito y en un brotar incesante de esperma que se esparció por toda su boca y cara. Blanca sonrió y se levantó. Se fue al baño y dejó corriendo el agua de la ducha. Lentamente fui detrás. Al mirarla sólo dijo: -" Vamos a ducharnos, me gustaría salir, pasar el día por ahí contigo y volver a darte los buenos días mañana igual que hoy"

Relato enviado por: LSD. 1997

16 febrero, 2010

Expoerotikus 2010

Los días 2 y 3 de Abril se celebrará la próxima
Feria Europea del Erotismo
"Expoerotikus 2010"
en la macrodiscoteca
Itzela Multiplex

09 mayo, 2009

Eva

Eva apagó la luz de su dormitorio. La estancia sólo se iluminaba por la tenue luz que desprendía la tintineante llama de la vela perfumada encendida en el baño. Por fin, tras un duro día en que su cuerpo se estremeció varias veces al ver pasar una y otra vez al encargado del almacén de ropa de moda donde trabajaba, pudo relajarse pensando en el baño de espuma que la esperaba, y el placer que podrían proporcionarle sus largos dedos y aquel chorro de agua. Mientras se encaminaba hacia la bañera, aún cerraba los ojos y sentía como las piernas le temblaban a la vez que humedecía su pequeño tanga con lo más cálido de su ser.

Cuántas noches, Eva desearía no sumergirse sola en aquel jacuzzi. Mientras las burbujas contorneaban su delicada piel, ella soñaba que al salir del agua, Carlos le tendería la toalla y le ayudaría a secarse, mientras con sus manos acariciaría sus pechos desde atrás y atraparía con la lengua las últimas gotas que bajaran por su cuello desde su cabello aún mojado. Con todo eso en la cabeza, como sin quererlo, cerró los ojos y acompañada por el borboteo del agua, sus dedos comenzaron a palpar suavemente su clítoris. Comenzó a frotarlo dulcemente pero con un ritmo constante. Acompañaba a estos dedos los de la otra mano, penetrándose poco a poco.
De vez en cuando, sin dejar de tocar su vulva, sacaba los dedos para llevárselos a los tersos pechos y pellizcarse los pezones a la vez que masajeaba la aureola. Su cuerpo comenzó a vibrar y a contornearse mientras su cabeza caía hacia atrás bañando su largo y negro pelo en el agua. Ahogaba unos leves gemidos cada vez más prolongados y menos distantes en el tiempo. Hasta que Eva rompió en un intenso orgasmo sin quitarse de la cabeza a su compañero. Respiró profundamente, sonrió, y decidió salir del agua.

Aún temblaba cuando se enfundó su albornoz y pensó que aquello solo era el principio. Seguía inusitadamente excitada y con más ganas que nunca de desfogarse con un hombre. Necesitaba sentir, tocar, chupar y oler un cuerpo varonil. Carlos la perseguía en cada pensamiento. Así que decidió invitarlo a cenar dispuesta a poner blanco sobre negro con aquel hombre que carcomía su cabeza y despertaba su más ardiente pasión desde hacía unos meses. Carlos ya estaba en camino cuando Eva pensó en lo extraño de sus palabras durante la conversación que mantuvieron para quedar a cenar.
Él sólo dijo: “sabía que algún día me llamarías”. Intuía que aquel hombre también desataba su imaginación pensando en ella. Pronto se confirmaron sus sospechas. Cuando él llegó, Eva le propuso que se sirviera algo mientras ella terminaría de arreglarse. Salió a recibirle con una bonita transparencia que desdibujaba la fina lencería que se pondría esa noche. Carlos no quiso sentarse. Comenzó a seguirla con los ojos mientras ella iba hacia su habitación para terminar de vestirse.

Entonces él la llamó. Lo hizo con la voz más sensual pero a la vez segura que ella había le había escuchado nunca. Se giró turbada pero complacida a la vez y vio cómo Carlos se acercaba hasta tocarle con el contorno de la mano el pelo que caía por su cara. Y después de decirle: “llevo esperando esto desde hace mucho tiempo” la besó. Eva se dejó llevar estremecida. Nunca había sentido tantas cosas de golpe al ser besada. Recibió la lengua caliente de Carlos entrelazándola con la suya, dejando fluir la saliva mezclada con el olor a colonia de hombre que le llegaba desde el cuello de él. Se detuvo buscando un segundo beso, con los ojos cerrados, pero él ya le acariciaba el cuello con sus labios. No tardó en empezar a humedecerse al sentir el contacto del miembro semi-erecto aún bajo el pantalón sobre su carne desnuda.
Respiraba entrecortadamente cuando se vio despojada de su fina bata. Sólo deseaba comerse aquellos labios mientras sus manos ya arrancaban los botones de la camisa. Llegar al sofá y terminar de desnudarse sólo acrecentó el ansia de Eva por hacerse con la entrepierna de Carlos y comenzar a masajearla ávidamente mientras sentía los dedos de él buscando el fuego de su monte de Venus. En ningún momento abrió los ojos. Sólo sentía la humedad de la lengua de Carlos en sus labios y por todo su cuerpo. Sin esperar más, bajó su cabeza hasta la cintura de él y, sorprendida por la dotación de aquel aparato, lo engulló sin dudarlo, mientras escuchaba la ronca y profunda respiración de Carlos provocada por esa acción. Enloquecía de placer a medida que su lengua contorneaba el glande y succionaba empapando en saliva todo el pene hasta las grandes bolas que lo acompañaban. Mientras continuaba con este juego, notaba cómo era penetrada repetidamente por los dedos de Carlos. Estos se deslizaban sin ningún problema. Con una pausa y en un susurro, le rogó que le hiciera el amor. Necesitaba aquella verga dentro más que el respirar. Carlos la levanto con fuerza y la sentó sobre él. No hizo falta nada para que su miembro se abriera camino por las entrañas de Eva, humedeciéndose más si cabe. Ella se sintió morir de placer como lo demostró el gemido que exhaló. La cadencia de la penetración hacía que ella entrecortara su respiración con más y más gemidos de placer. Se echó hacia atrás para sentirla más dentro mientras liberaba su clítoris para que las suaves manos de Carlos pudieran acariciarlo durante las embestidas. Él, experimentado en placeres femeninos, no tardó en aprovechar el ofrecimiento y lo frotaba mientras su pene se perdía en la caverna del placer de Eva. Ella ya no pudo más y se corrió. Como nunca lo había hecho. Carlos seguía con el movimiento pero Eva pretendía hacerlo inolvidable. Se separó de él y le ofreció su otro orificio. Suavemente, pero con empuje, Carlos lo fue penetrando y ella con doloroso placer recibió aquella masa de carne por detrás mientras volvía a acariciarse suavemente el clítoris poniéndose otra vez a cien. Nuevamente, y para evitar que aquello acabara, Carlos la giró para meter su cabeza entre las piernas de Eva. Desbordaba con su lengua los labios inferiores de ella y lamía su clítoris con una rapidez que le provocaban espasmos incontrolados. Y de nuevo Eva se corrió. Ella pensó que ahora le tocaba a él.

Nunca nadie la había hecho sentir tanto placer y deseó compensar parte de lo recibido. Nuevamente trabajó con las manos y la boca el miembro de Carlos. Este, con la cabeza hacia atrás, sentía que en cualquier momento la inundaría de su caliente y espeso esperma. Los lametones y el movimiento manual, llevaron a Carlos al éxtasis en el momento en que ya no se pudo contener. Se corrió intensamente en la boca de Eva. Esta, lejos de rechazar el fluido, lo sorbió y lo tragó hasta la última gota, inundada aún por el placer recibido un poco antes. Exhaustos sobre el sofá, se miraron y se sonrieron. Y como quien no quiere la cosa, él dijo: “Mañana te buscaré en la tienda. Sólo espero que me sonrías como ahora, que me digas que esto fue real y que por la noche vuelvas a llamarme por teléfono”. Y Eva le besó.

Relato enviado por: LSD. Dedicado a Eva R. (Mayo de 1991)

18 febrero, 2009

Expoerotikus 2009

06 febrero, 2009

Calentón

Como cualquier viernes de cada semana Arthur acostumbraba a salir. Frecuentaba el bar de su íntimo y mejor amigo, Maurice. Hombre de poca fe pero mucha experiencia en relaciones personales.
- No seas ingenuo Arthur por favor. ¿No te das cuenta de que esa clase de mujer jamás se fijaría en un hombre como tú? Está jugando contigo amigo. Se atrevió a decir.
Arthur tenía la mirada triste, aún no lo había superado. Dejar a Eva fue la decisión menos acertada de su vida. Pensaba que no le amaba hasta que se dio cuenta de que jamás podría volverla a tocar. Se dio cuenta demasiado tarde de su error y su decisión le estaba costando muy caro. Estaba loco por ella, pero Eva se cansó de esperarlo eternamente. Él la recordaba constantemente, no la podía olvidar. ¡Cuánto le echaba de menos aquella noche!
Él permanecía allí, sentado tras la barra de un bar, charlando con su mejor amigo. Hablando ¡cómo no! del desamor, de lo mucho que costaba desenamorarse y de lo imposible de poder follar sin estar demasiado borracho. Y estando en esa conversación sonó el clic de la gran puerta del bar. Hacía frío y una pequeña cuadrilla de chicas entró en el bar. Todas parecían del montón exceptuando una. Ella, la primera, que hizo brincar su corazón.
¡Era un cañón! ¿De dónde había salido esa mujer? El jamás le había visto pero su presencia le impactó. Su cabello era largo y negro. Sus pechos enormes, salían de la camisa blanca medio abotonada. Ella, con paso firme, pasó por su lado y a su paso le rozó con su espalda. Ella le miró de reojo y él dándose cuenta de la sensualidad de dicha mujer le devolvió la mirada. Sus caras se habían encontrado por primera vez. Ella le dedicó una de sus mejores sonrisas. Él, sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo alegró su vista ante semejante cuerpo. Sus piernas no demasiado largas eran fibrosas. Su tez morena brillaba en la oscuridad del bar y su culo sobresalía sobremanera de la pequeña y ajustada falda negra. Su cuerpo le estaba absorbiendo. Pero ella apartó la mirada. Cabizbajo, esperó la derrota, pero ¡cuán equivocado estaba!
Ella aprovechó el pequeño hueco de entre los taburetes para hacerse sitio entre la multitud. Sus manos comenzaron a peinar su cabello para separarlo de la cara sensualmente. El se estaba derritiendo pero no se atrevía ni siquiera a abrir la boca. Ella, volvió su mirada de nuevo y decidida se acercó a él.
-Eres guapo, dijo. Y pareces sólo. ¿No tienes nadie que te acompañe esta noche? Preguntó.
Él, mirando con asombro a su amigo contestó:
- No, no tengo a nadie, pero acepto compañía.
Ella, sabiendo del efecto del poder de su atracción, sin más rodeos le cogió su dedo índice y metiéndolo en su boca lo chupó. A Arthur se le salían los ojos de las órbitas y sin más preámbulos le dijo:- Me estás poniendo nena, cuidado que no respondo de mis acciones, yo te aviso.
-¿Qué ocurre, no te gusta?- Yo pensaba que sí. No sé, si quieres puedo intentar con otra cosa...
-¿Y qué es esa otra cosa que puedes hacer por mí?
- No sé, se me ocurre que comenzaría a tocarte y a rozarte. Dejaría que me cogieras mis pechos y te los llevaras a tu boca, eso me encantaría.
- A mí también me gustaría lamértelos, uno tras otro mientras dejo que mis manos rocen tu ser y mi dedo penetre en tu sexo. Querida, esta noche no será únicamente mi dedo lo que te metas en tu boca.
- Soy consciente de que tras mirarme has pensando en follarme. Imagínate lo que puedo hace por ti lamiéndote eso que tienes entre las piernas, le dijo sin ningún tipo de pudor.
-Me llamo Arthur, y sí quiero follarte. Pero antes tomemos una copa.
-Claro, yo un Gintonic, con poco hielo por favor. Maurice miraba la escena incrédulo. Temía que ella se estuviera aprovechando de su amigo y con reticencia comenzó a preparar el combinado.
Arthur cogió el vaso y sacó dos hielos, no lo dudó ni un solo momento y los metió dentro de la insinuante camisa apretada de ella. Ella se estaba poniendo, el más. Estaban como en un sueño, tenia delante a una mujer preciosa y ardiente, era justo lo que necesitaba esa noche.-Si sigues así voy a tener que desnudarte aquí mismo. Te aviso que soy capaz de muchas cosas.
-Y si tu sigues rozándome nena, haré que nos quedemos solos en el bar. Te subiré encima de la barra y te penetraré hasta que me digas basta.
- No quiero esperar más, sígueme. Dijo ella.
El se levantó y mientras lo hacía golpeó su precioso trasero con la palma de la mano.
-¿Adónde me llevas? Dijo él.
-Quiero hacer el amor en la playa, llévame y seré tuya completamente.
Caminaron no más de cinco minutos por la orilla del mar cuando divisaron una roca. Todo el lugar estaba a oscuras, ya que unos árboles tapaban todo el paisaje. Corrieron hacia las rocas. Él la cogió entre sus brazos, y la besó. Sus lenguas se rozaron suavemente mientras que sus manos se acariciaban intensamente. El seguía sobando sus grandes senos. Ella le bajó los pantalones y cogió su sexo entre sus manos. Estaba erecto y caliente y eso a ella le excitaba.
-Ahora vas a ser mía, quiero estar dentro de ti. Le dijo suavemente al oído.
Y cogiendo con lentitud su cuerpo hizo que apoyara sus manos en una de las rocas. Con ansia le subió la falda apretada y se dio cuenta de que no llevaba nada!, Eso era lo más. La flexionó, y la agarró de las caderas. Con un leve movimiento de cadera la penetró. Ella suspiró de placer y giró su cara para poder ver la cara del hombre que la estaba poseyendo. Sonrieron, y siguieron hasta apagar su sed. Tras un buen rato se calmaron, tenía ansia de placer.
Relato enviado por: Paris

05 febrero, 2009

Desesperada

Recuerdo los días en los que desde la distancia, me acompañabas en todos mis caminos.
Me despertaba pensando en ti, tu antes habías hecho lo mismo.
Afrontaba las rutinas mañaneras con tu cara sonriente junto a mí.
Paseaba(mos) lentamente por la orilla del río admirando los barcos.
Todo me recordaba a ti.
A nuestras noches de pasión inconfesables.
A las confidencias a media voz.
A los viajes compartidos, a los venideros.
A los recuerdos comunes.
A las fantasías relatadas
en susurros y en francés...
A tus ansías de conocerme,
de poner cara a mi sexy voz.
Al deseo explícito de nuestros cuerpos.
A las montañas de leyendas de pasión.
A secretos a medias,
a risas cómplices e
ilusiones proyectadas.
Natillas de chocolate
y cucharas rebañadas.
A los tiempos de los templarios
y corpiños de mesoneras.
A tus manos sin nervios
acariciando mi blanca piel.
A nuestros labios sellados
por un eterno deleite.
Nuestros cuerpos palpitantes
estrujados contra la pared.
El uno, no en contra, sino a favor del otro.
A favor de lo sublime, la caricia espontánea
los pelos erizados y la carne de gallina.
Del DESEO con mayúsculas
y la imposibilidad de plasmarlo.
De los helados de yogur con moras
y los besos en los ojos.
Tú mientras, esperabas y esperabas.
Esperabas escuchar mi voz, ponerle cara.
Esperabas que yo me abriera a ti.
Que confiara mis secretos.
Esperabas mis relatos, mis palabras
mis gestos, mis miradas. Mi dulzura, mi calor,
descansar en mi regazo.
Que te llamara vida, cari, rey
mi guardián del templo, mi todo!
Ahora sé que algún día podría hacerlo,
Espero que eso no me convierta en DES-esperada....
Relato enviado por: La Dama de Hielo

Zirrikitua

Goizeko zortziak ditu iada gainean iratzargailuak, bera ohituta dago horretara baina ni…Ni hementxe nago maindirez babestutako kabi honetan, goxo goxo, leihoko zirrikitutik itsas melodia entzunez, ai nire zirrikitua,itxaropenaren zirrikitua, ametsena, fantasiazko istorioen zirrikitua. Begiak itxiaz…Leiho soinua entzuten dut… Irekitzen ari da poliki-poliki, eguzki izpiak sartzearekin batera, gela berotzen hasi da, norbait leihotik sartu da, bera da, nire mariñela! Zatoz niregara mariñela, zatoz! harrapatu zure sareetan, zure besoetan, ni naiz zure gaurko jakia. Ez duzu lan haundirik ni eransten, munduratu ninduten moduan bainago, zure zain, larru hutsik, izaren itzalpe honetan. Ohetik jeike naiz harrera gozo bat egitera eta hurbildu naiz beregana. Begietara begira, sudurra, ahoa, besoak, eskuak denak niretzako, maonezko alkandora zoragarria, bai, baina... Hobe batez! Azken bi botoiak askatzearekin batera, eskuak luzatu ditut beherantz eta rast! Zizta bizian, prakak eta ondorengo guztiak, kanpora! Biok parez pare, bi amorante, itsasoan galdurik. Kresalezko hatsa dut nabari nire okotzean, mingaina egarriz, nirea eskainiz, listua partekatuz, nirea zure zurea nire. Nire ezpain xikatuak hezetu iezaizkidazu zure muxuez, jateko gogoz, ai... Eguzkiak beztutako azal leuna, nirea da guztiz. Gau ilunean bakarrik, zu eta ni biluzik, gorputzak elkar komunikatuz, hitzik gabe ulertuz. Zure titiak laztanduz, berotzen hasi naiz, berotzen hasi gara, zure arnasa nabarmenduz nere bularretan, titi puntak gogortzen ari zaizkit, orduan eta horzkada haundiagoak, mina eta gozamenaren arteko borroka. Buelta emanez, bizkarka jarri natzaio, ipur masailak zakila marruskatuz, gora eta behera, berak titiak igurtzen dizkidan bitartean. Hanka arteko dardarra, ahulezia, gorputzen ezin egonak, oheko maindire denak kenduz, bertan paratuz, bere buztana ahoan sartuz, daztatuz, eskuen higiduraz gortzen eta berotzen mariñelaren arrauna. Ontzien desorekak sortutako olatuetan murgilduz, bila iezaidazu hainbat itsasbehera naiz itsasgora jasandako ozeanoko fruitua, hainbat egunetan ondarretan lurperatua. Mariñela! Bai hortxen da bai, miazkatu ezazu bai, horrela, bai, horrela, nere altxor preziatuaren txoko guztiak lamikatuz zukua liberatu arte. Bere besoetan hartuz, izter gainean jarriz, hanka zabalduz, sartu du guztiz barrura, nere fluxuaren laguntzaz, bere zakila nire kobazulo hezera ai... ai... Hau da eromena, garraxi eginez, barruko kea askatuz, animali gosetuen moduan, erotu beharrean, zainak odol beroz gainezka, bihotza ezinean, erritmoa azkartuz, sartu eta atera, bolkana sutan, mariñela hor da azkenekotan, eztanda sexuala, bai, bai atera du bere zakila sumenditik… Laba dario, nere aurpegitik. Beso artean atseden hartuz, pasatuko dugu gaua. Goizaldean, ametsaren lurrina zirrikitutik joango da mariñelarekin eskutik. Relato enviado por: Ozeanoko fruitua.

Fluidos para un camionero

Hace un par de años, en verano, tuve la oportunidad de follar tanto como quise. Fue mi primer verano libre en mucho tiempo y lo quise aprovechar al máximo. Salía casi todos los días y casi siempre me llevaba a alguien a casa. Pero aún así no era suficiente, tengo que admitir que el sexo me vuelve loco y cuanto más guarro mejor. Siempre he querido ser guionista y a poder ser actor porno.
Tengo un par de amigos, con los que ya he hecho un par de tríos, y me informaron de la existencia de páginas de contacto gay. Me sacaron unas fotos un tanto calientes, siempre desnudo y con la polla morcillona, y las colgué. Tengo que decir que en general no me funcionó mucho, pero uno de los polvos fue realmente increíble, y casi tan ideal y perfecto como una escena realmente tórrida de una pelí porno.
Logré contactar con un camionero. Para empezar nos describimos mutuamente, yo: 1´80, 77 kilos, ojos verdes y pelo castaño y corto. El: ojos azules, pelo rapado, cuerpo fibrado, 1´70, 70 kilos y voz ronca. Todo pintaba bien, pero lo mejor viene ahora. Hablamos y nos pusimos a cien. Yo soy activo y cerdo y el pasivo y cerda. Me comentó que vendría a Donosti, y hasta que nos viéramos podíamos hablar y calentarnos, para saber lo que nos gustaba y así poder ahorrarnos el trabajo de comentar lo que queríamos hacer.
Durante días estuvimos hablando dos o tres veces al día, siempre me decía que quería ser una puta, y que le tratasen como tal. Decía que quería pollazos en la cara, y ser follado en diferentes posturas. Yo además le decía que me correría en su cara y él disfrutaba aún más. Me dijo que no quería que le hablara, simplemente quería que le insultara mientras lo penetraba y que le diera azotes cuanto más fuertes mejor. Todos los días me tenía que hacer alguna paja en su honor. Después de las conversaciones que tenía con él me iba corriendo a ver alguna pelí porno y machacármela como un puto mono, pensando que le reaventaría el culo a un camionero.
Llegó el viernes por la noche, quedamos a eso de las nueve y media en el centro, y fuimos a una pensión de mala muerte, donde él iba a pasar la noche, y yo uno de los mejores momentos de mi vida. Al salir del coche, él ya me notó el bulto en los pantalones (la verdad es que no es muy larga, pero si gorda) y le gustó.
Fuimos casi corriendo a la pensión, al subir en el ascensor le di la vuelta y lo puse contra la pared. Empecé a rozar mi paquete contra su culo y le dije que seria mi zorra, él suspiró y dijo que estaba deseando ser la más guarra. Sólo para mí, le di un lengüetazo en el cuello y le acaricié los pezones. Salimos del ascensor y el pasillo se nos hizo eterno hasta llegar a la habitación.
Cuando cerramos la puerta, me empezó a sobar el paquete, que ya estaba a punto de salir. Le puse la mano en el hombro, y le obligué a arrodillarse, me saqué la polla y le dije que me la chupara, como bueno puta que era. Yo le cogía de la cabeza y le metía la polla hasta la garganta, hasta que no podía más sin parar de decir que era una zorra. Él disfrutaba teniendo la boca llena de polla gorda. Mojaba la polla con mucha saliva, y eso me ponía todavía más. Era realmente caliente ver como caía saliva de su boca, y pasaba la lengua por mis huevos. Me senté en la esquina de la cama, y le daba pollazos en la cara y se la volvía a meter en la boca. Le obligaba a tragarse la polla entera, hasta llegar a los huevos para volvérsela a restregar por toda la cara y volver a metérsela en la boca. Le follé la boca durante quince minutos. Y me pidió una corrida. Lo tumbé en la cama y puse mi polla en su cara. Me la machaqué como nunca antes, hasta que explotó por su frente y su nariz. Salió una leche muy espesa. Mi semen huele muy fuerte, y eso lo hizo ponerse a mil. Me pidió que le metiera cuatro dedos por el culo hasta que se corriera y así lo hice. Nos tumbamos en la cama, y él se fumó un cigarro después de lavarse la cara. Esperamos un poco más y me volvió a coger la polla, para volvérsela a comer. Esta vez lo quería follar, lo quería reventar y él me pidió que le reventara como a una zorra. Lo puse de pie contra la pared, y con el culo en pompa. Me puse el condón y lubricante. Jugué un poco con la polla en la entrada de su maravilloso culo, y sin decirle nada, se la metí hasta el fondo. El camionero estaba atrapado entre mi cuerpo y la pared, y no hacía otra cosa que suspirar y gemir de placer. Yo no paraba de darle azotes, y de follarlo. Le agarré bien de las caderas y me lo follé con ganas, como a una zorra, que era lo que él quería y no paraba de pedir.
Algunas veces iba más lento, con penetraciones profundas y con golpes secos, y otras veces rápidas y bestiales. Me saqué la polla y lo tumbé boca abajo en la cama. Me puse encima y saltaba sobre su cuerpo, no podía metersela más aunque quisiera. Luego me levanté y lo puse a cuatro patas, escupí en su culo y se la volví a clavar entre azotes. Me la saqué y le llené la cara de leche. Él todavía no se había corrido y estaba caliente como una perra, por eso me pidió que le acompañara al baño. Se tumbó en la bañera y me pidió que le meara. Me dijo que no tenía prisa, que teníamos toda la noche por delante hasta que le meara por toda la cara y todo el cuerpo.
En un principio me quedé extrañado, pero la idea me gustó mucho, así que me tranquilicé y me concentré. Al poco tiempo salió la lluvia dorada tan ansiada. Él levantó la cabeza y se masturbo como un bruto, hasta correrse. La meada le cubrió todo el cuerpo, se restregaba todo lo que yo le eché por todo su cuerpo desnudo. Al ver todo eso me puse tan cachondo que me hizo una mamada y me corrí encima de su cuerpo todavía mojado de mi meada.
Fue una de mis mejores experiencias.
Relato enviado por: Cerdo bisexual

03 febrero, 2009

Amante inesperado

Eran las cinco de la madrugada cuando un fuerte viento golpeó con insistencia su ventana. Ella, sobresaltada pegó un grito desgarrador y un sudor frío recorrió todo su pequeño cuerpo desnudo haciéndola temblar de temor. Estaba sola, no tenía a nadie a su lado para consolarla ni acariciarla y se sentía el ser más ínfimo de éste planeta. Su cabeza reposaba junto a una gran almohada, demasiado grande para una sola persona y en esa postura con la mirada perdida en el horizonte echó a llorar desconsoladamente. Charles le había dejado por otra mujer y sólo pensaba en el dolor que sentía al recordarlo. Encendió la luz de una cálida lámpara de vidrio coloreado y comenzó a buscar un cigarrillo para calmar su angustia. Se acopló en su almohada y encendió un pitillo. Fumar la hacía reflexionar y su mente comenzó a reaccionar. No podía creer lo que había pasado esa noche, era tan doloroso...
Todo comenzó esa misma noche... Él le había hecho dichosa, se sentía segura y protegida a su lado pero la aparición en escena de Ana había tirado por la borda toda su felicidad. Charles era inspector de policía, trabajaba día y noche pero ella asumía la importancia de su trabajo. Al fin y al cabo él siempre sabia cómo recompensar las noches de soledad que pasaba esperando su regreso. Esa noche Charles regresó más tarde de lo normal. De repente oyó cómo abría la puerta de su casa y su corazón comenzó a latir con fuerza. ¡Por fin había llegado! Estaba esperando ansiosamente a ese hombre que tanto amaba, pero Charles no parecía el mismo. Su rostro cansado y su extraña mirada pronosticaban una mala noticia. Él se quedó mirándola fijamente pero no pudo aguantar la mirada de la mujer que tenía enfrente. Esa noche Charles no iba a dormir a su lado y ella se dio cuenta de ello.
-¿ Cariño, qué está pasando?- No pareces el mismo. Preguntó ella con nerviosismo, esperando una respuesta coherente. Charles se armó de valor Y respondió:
- Laura, no sé cómo decirte esto pero mereces que te sea completamente sincero. Ella, perpleja se esperó lo peor y su intuición femenina no falló.
- No sé cómo ha ocurrido todo esto pero me están esperando en la habitación de un hotel, es una mujer a la que he conocido esta noche. No puedo dejar de pensar en ella. Lo siento, lo siento mucho pero no puedo hacer nada, he de irme. Quiero irme con ella.
Laura no reaccionó, sé quedó inmóvil, viendo cómo se marchaba su amor a toda prisa. No se lo podía creer pero era real. Su hombre, su amante, se había marchado a un hotel con otra mujer y sólo vino a recoger algo de ropa. Era totalmente irreal. La puerta se cerró y Charles entró en el coche. Aceleró bruscamente y se dirigió a la autopista.
Tenía a una diosa esperándolo en una habitación, era toda para él. Una increíble mujer que deseaba estar esa noche con él. Cuando hacía sólo una hora que se habían conocido. Pero ¿cómo había ocurrido todo? Se preguntaba mientras notaba que sus ansias de sexo aumentaban a medida que se acercaba al lugar de la cita.
Todo comenzó en el Pub. Estaban celebrando el ascenso de su colega e intimo amigo George cuando la música en directo comenzó a sonar. Era un grupo de música al que acompañaba una solista cuya voz llamó la atención de Charles. Hasta ese momento no se había percatado de la presencia de esa mujer en el escenario pero al escucharla cantar quedó sorprendido. Se acercó tímidamente y quedó boquiabierto al mirarla. Llevaba un precioso y ajustado vestido de terciopelo rojo, marcando todas sus sinuosas curvas. Sus piernas, interminables, se vislumbraban por la ranura del costado del vestido y sus pechos quedaban perfectamente acoplados al ceñido vestido. Ella se movía sensualmente en el escenario y Charles seguía todos sus movimientos con la mirada. Estaba hipnotizado y apenas había tomado un Jhonny Walker. Acaparó toda su atención y no podía dejar de mirarla. Ella se dio cuenta de ello y se sonrojó. Le impactó su porte, su altura y su cara con rasgos marcados le atrajo sobremanera. Era un hombre como a ella le gustaban. Tampoco podía dejar de mirarlo. A medida que avanzaba la canción, se estaba sintiendo avergonzada. Acosada de la mirada de ese hombre que la estaba desnudando con la mirada, pero decidió seguirle el juego. La canción llegó a su fin. A Charles le pareció interminable pero al fin, al menos tenia una oportunidad de conocer a esa misteriosa y espectacular mujer.
Antes de que él pudiera acercarse a ella ella bajó del escenario y se acercó a él. Suavemente y acercándose a su oído le dijo:
-Hola, como te llamas. Te ha gustado mi actuación? Parecía que le temblaba la voz, y comenzó a sentirse vulnerable, pero no desvió su mirada de él.Charles, notó que todo su cuerpo comenzaba a reaccionar, su miembro comenzó a endurecerse, sentía una sensación muy fuerte al tenerla tan cerca pero no bajó la guardia y le contestó: Me llamo Charles y me ha gustado tu actuación, pero si he de serte sincero tu voz no es lo que más me ha gustado de ti.
-Yo me llamo Ana. ¿Qué es lo que más te ha gustado de mí entonces? preguntó juguetona.
-Simplemente tú. Contestó firmemente. Y te diré más. Te he de confesar que te he imaginado encima del escenario pero no precisamente cantando.
- ¿ y me dirás qué es lo que te has imaginado entonces? o ¿es algo que no puedes contarme? respondió ella.
- Quizás no te guste, contestó.
-Prueba, si no lo intentas jamás sabrás si me ha gustado o no.
- Esta bien, tú lo has querido. Quizás mejor si te lo explico con hechos y no con palabras. Se atrevió a decir.
- Ella no podía creer lo que estaba escuchado, le estaba proponiendo una noche de sexo sin apenas entablar conversación, era un desconocido. Estaba sorprendida pero sentía una inmensa atracción por ese hombre. Sentía como sus pechos se encogían... De repente un impulso se adueño de ella y acercando sus labios a su cara y se atrevió a contestar:
- Vaya, resulta que yo tambien te he imaginado y no aquí precisamente. Si quieres puedo contarte algo que puedo hacer por ti
.- Me gusta la idea, pero quizás mejor si me lo fueras explicando ya sabes, explícitamente, no quisiera perder detalle.
-Me atraes, dijo ella. Siento la necesidad de follarte esta noche y hacer que caigas muerto de placer.
-Es exactamente lo mismo que se me ha pasado a mí por la cabeza, solo que yo soy el que desea penetrarte durante toda la noche.
- Bien, dijo ella totalmente excitada, parece que queremos lo mismo. Si te vienes esta noche conmigo no la vas a olvidar, no te arrepentirás.
-Esta noche quiero hacértelo una y otra vez, acabar extasiado de ti. Seré todo tuyo.
Charles no dudó en apretarla contra su cuerpo y besarla apasionadamente. Todo el local se les quedó mirando pero a ellos es no les importaba. Querían que todo fluyese libremente, y así fue. Él la cogió de la cintura y se la llevó hacia los servicios. Charles estaba fuera de sí, y ella notó cómo su sexo comenzaba humedecerse a medida que él acariciaba todo su ser. La puso contra la pared de la entrada de los servicios de caballeros, allí no había nadie y la empujó levemente hacia la pared. Charles metió sus manos por el interior del vestido, ella le desabrochó el cinturón. No dejaban de tocarse y acariciarse, estaban inmersos en su erotismo. Pero, de repente ella paró y le dijo:
- Aquí no, llévame a un hotel, quiero seguir toda la noche jugando contigo.
Charles tuvo que hacer un esfuerzo por parar pero consiguió despejar su mente por un momento y reaccionó. Quedó un rato pensando y le dijo que le esperase en un hotel ubicado fuera de la ciudad. Que cogiera una habitación, mientras él iba a casa a buscar algo de ropa para cambiarse. Ella accedió y quedaron en verse en el menor tiempo posible. Todo había ocurrido muy rápidamente pero la pasión no entendía de horas ni de minutos. Ocurrió de esa manera, los dos sentían un gran morbo con su nueva situación y no querían dejar pasar ese momento, así que Charles se dirigió a su casa.
Estaba sudoroso y es en esa situación cuando Laura lo vio. Su corazón latía fuertemente pero se sentía con fuerza para asumir la realidad de Laura.Así que decidió dar el paso, hablar con ella y marcharse junto a Ana. El trayecto hacia el hotel se le hizo interminable pero al fin llegó. El recepcionista le preguntó su nombre y le comunicó el número de habitación. Era la 343. Charles se sentía ansioso, nervioso, totalmente excitado ante la inminente noche de locura que le aguardaba tras esa puerta. Era algo maravilloso lo que le había ocurrido esa noche y no pensaba en otra cosa que en ella. Metió las llaves y cerró la puerta. Ella lo estaba esperando apoyada en la mesa que se ubicaba en el centro de la habitación en una postura que a él le pareció de lo más sensual. El se acercó y lo primero que hizo fue tumbarla suavemente en la mesa. Poco a poco fue levantándole el vestido y vislumbró un pequeño tanga rojo en su interior. Suavemente se lo quitó y comenzó a besar su sexo. Ella gemía en voz baja. Era un gemido que le salía del alma por el placer tan inmenso que sentía. Ése gemido a Charles le estaba excitando cada vez más. La desnudó completamente y la cogió entre sus brazos. La tumbó en la cama. Ardía en deseos de penetrarla cuando ella se dio la vuelta y cogió su pene entre las manos, agitándolo suavemente. Él sabia que no podría aguantar mucho más tiempo en esa situación pero se dejo llevar. Él al igual que ella sentía tanto placer...
Ella cogió el mando de la situación y dejando que Charles comenzara a lamerle los pechos comenzó a cabalgar encima de él. El movimiento de sus caderas daba más y más placer a Charles hasta que ella comenzó a gemir y a emitir sonidos de placer a los que el no pudo resistirse. Llegaron juntos al clímax. Cayeron rendidos empapados de sudor, felices de lo que habían deseado y de lo que habían conseguido. No pudieron quedarse dormidos. Era tal la atracción que sentían el uno por el otro, que no pararon hasta el amanecer. En ése momento quedaron completamente dormidos y satisfechos. Se ducharon, se vistieron y desaparecieron juntos en la carretera, jamás se supo nada más de ellos.
Relato enviado por: Paris

Solas

Somos una pareja de Donosti y buscamos conocer a una chica para amistad y lo que surja.
Así empezó todo, y qué poco me imaginaba lo que se escondía detrás de estas simples palabras. Iba mirando fotos en una página de contactos, huelga decir cual. A veces, por mero aburrimiento, otras en cambio como aquél que busca agua en el desierto. Es duro, pero honesto reconocerlo. Mi vida pasaba por altibajos y mis deseos también. Este perfil me lo sugirió un amigo francés. Le había gustado la chica, y pensó que tal vez podría adecuarse a lo que buscábamos. Cosas que se dicen al amparo de una luz tenue y con una pantalla de ordenador de por medio…. Y acertó. Me gustó, vaya si me gustó. Lo que decía me parecía bien, y la foto más todavía. Así que me armé de valor y le contesté.
Tardo un tiempo en hacerlo ella, casi un mes para ser exactos. Pero la espera mereció la pena. Empezamos a hablar de forma más continua. A sincerarnos, a compartir todo tipo de intimidades. Yo estaba sorprendida en extremo, ya que jamás había tenido este tipo de relación con alguien del mismo sexo. Había tenido oportunidades, pero nunca había querido hacer uso de ellas. Poco a poco el carisma de ésta chica me fue embaucando. Raro era el día en el que no hablábamos, reíamos, obsequiábamos detalles...
Pese a mis reticencias y resistencias, mi mundo empezó a girar en torno a ella. Me acostaba con su cara en mi retina y de esa misma manera me despertaba. Recordando su amplia sonrisa y su bella cara. Hasta que al final me decidí a dar el paso e insinuarle que quería que nos conociéramos. Ella y yo, solas. Sin hombres a nuestro alrededor. Sabía que era lo que ella realmente quería. Me costó convencerla, pero acabó aceptando. Fijamos un día y hora. A las 5 en el Astoria. Ya no existía, pero era un guiño entre nosotras.
Todo mi cuerpo temblaba, tanto por fuera como por dentro. Realmente estaba indecisa del paso que iba a dar. Tenía miedo a no saber volver, no ser como esperaba e imaginaba. O todavía peor, qué hacer con todo eso en caso de que me gustara. Me convertiría de golpe y porrazo en lesbiana??? Para los hombres es una gran fantasía, pero no deja de ser homosexualidad. Llegué en punto, cosa rara en mí. Y allí estaba ella con cara angelical esperándome. Me acerqué por detrás y le robé un beso a traición. Ella se asustó y giró sobre sus talones, quedándonos perdidas en la mirada de la una y la otra. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y supe que aquél era el comienzo de un gran día.
Un par de cafés en el mismo antro, el más cercano. Y sin siquiera hablar del tema nos dirigimos al hotel de enfrente. Entramos por la parte de atrás y nos hicimos con una habitación en aquella elegante recepción. Mándenos una botella de cava, fue lo último que dijo ella. Subimos en el ascensor, muy juntas. Nuestros cuerpos pulsando a la vez y su mano por dentro de mi camisa. Sabía que tenía que ser ella la que tomara la iniciativa. Como quien dice, era mi primera vez.
Abrimos la puerta, pasé tímidamente dentro. No sabía qué hacer, ni como. Ella empezó a reírse y a besarme por el cuello. Tranquila preciosa, déjame a mí que yo si sé…. Sin darme cuenta abrió los botones de mi camisa suavemente y siguió besándome bajando hacia mi canalillo. Yo contenía mi respiración, excitada ante lo que me venía. Beso a beso fue recorriendo mi pecho. Sus pezones rozaban los míos, llegando al clímax con sólo ese gesto. Nos quedamos repitiéndolo una y otra vez. Esa cercanía de algo tan sensible…era lo más de lo más…
Mientras tanto deslizo su mano por debajo de mi falda y con mucha maestría coloco su corazón, el dedo, entre mis ardientes labios. Empezó a moverlos suavemente, después rápidamente, en círculo de arriba abajo. Maaaaaaaaaaaadre mía, porqué habré esperado tanto tiempo a esto??? No podía parar de gemir, de derretirme entre sus dedos, claudicar ante el sumun del placer. La botella de cava ya estaba allí. (La eficiencia y la rapidez son un plus en estos hoteles…) La abrió, no sin antes sacudirla un poco. Aquello estalló al igual que nuestra pasión. Derramó el líquido espumoso por encima de mi cuerpo y bebió delicadamente de mis pechos. Yo hice lo mismo, pero dejé que el cava recorriera su sudoroso cuerpo y que cayera gota a gota en mi boca de su entrepierna. Hubiera bebido aunque fuera gasoil. Los fluidos se mezclaron, y quise distinguir el sabor a su intimidad. Coloqué mi lengua lo más adentro que pude y empecé a lamer y a relamer. A introducir mi lengua cada vez más dentro y moverla sin tregua. Ella no paraba de gritar y de acariciarme, de tirarme del pelo. Era obvio que sabía cómo proporcionarle placer…. Introduje mis dedos sin parar de colar mi lengua por esa atractiva abertura. Quiso devolverme tanto éxtasis y se colocó de tal forma que hizo que las dos disfrutáramos al mismo tiempo. (Soy de letras, pero éste número mira que me gusta… 69… cuánto recuerdo…)
Se dio la vuelta y se sentó sobre mi pecho. Para ser más exactos sobre uno de ellos. Colocó su vagina sobre mi pezón y empezó a moverse arriba y abajo y a abrir y cerrar sus piernas. Jamás había disfrutado tanto. Nos volvimos locas las dos. Tocando, rozando, gimiendo. Subimos al Olimpo del deseo y del placer, y lo mejor fue que lo hicimos a la vez. Tras esto nos abrazamos y caímos conjuntamente en brazos de Morfeo.
Me desperté con una voz. Servicio de habitaciones! Desean alguna otra cosa? Tristemente comprobé que no había nadie más. Sólo una nota. A las cinco en el Astoria?
Relato enviado por: La dama de hielo

Mis vecinitas

Viernes por la noche y mi novia hoy tampoco está. Esto de que vivamos cada uno en una ciudad empieza a causar mella en mí. No sé qué hacer hoy. No sé si encender el ordenador y guarrear con alguna o meterme en el youporn, o leer unos relatos de tutxokoerotico…. No sé, no sé…. Y de pronto se hizo la luz. Acaban de encenderla mis queridas vecinitas. Tres estudiantes universitarias de toma pan y moja. Cada cual más guapa, más sexy. Tal vez en extremo delgadas para mi gusto. Me encantan las jamonas……. Aunque también me apetecen éstas…no estoy para hacer ascos a nada. Lástima que les saque diez años. Si las llego a conocer en mi época de estudiante, les hubiera tocado la puerta con cualquier excusa. Pero ahora, seguramente pensarían que soy un viejo verde pervertido. Y tampoco es plan, hay que mantener el vecindario sin líos.
Me coloco detrás de las cortinas. Mi cocina da justo a sus habitaciones, qué suerte la mía. Lástima que nos separe el patio interno. Veo dos figuras. Un chico y una de mis vecinitas. Parece que entre ellos hay un imán de pasión y combustión. Se acercan, se pegan el uno al otro, se restriegan…. empiezan a comerse la boca, los pechos, toooooodooooooo. Justo en ése momento ella mira hacia mi ventana y esbozando una sonrisa cierra las cortinas. Mierda, ahora ya no veo nada. Parece que enseguida se arrepiente y vuelve a descorrer la cortina. Un poquito sólo, lo justo para que entrevea lo que allí acaece. En ese paréntesis he conectado mi video cámara. Dirigiéndola hacia mi sofá. Voy a grabarme queriéndome. Haciendo de voyeur, mirándoles a ellos. Para después mandárselo a mi amante telefónica. Ella siempre me manda fotos y demás y me apetece sorprenderle con algo. No os había dicho lo de mi amante telefónica? Bueno, eso tal vez requiera otro capítulo. De momento no pierdo coma de lo que sucede delante. Veo sus cuerpos desnudos tumbados encima de la cama. Estoy de suerte, porque la morena es la más guapa de todas. Oigo sus gemidos que retumban en el patio interior. Mientras tanto yo juego con mi pequeño amiguito. Le acaricio, jugueteo con los dedos. Le paso revista como diariamente, sólo que hoy es diferente. Me siento en compañía, pensando en ellos, en ella a quién se lo voy a mandar… Cada vez se retuercen más. Gritan más. Ella cabalga sobre él. Él tira de su larga y negra melena. Follan como bestias ante mí como testigo mudo. Hasta entonces, no me puedo reprimir más. He intentado mantenerme, como a ella le gusta. Pero mi cuerpo tiene espasmos de placer y no me queda otra que correrme entre mis y sus gemidos de placer………Todos en bonita sintonía. La cámara graba mi miembro en su mayor esplendor. Me he corrido hasta faltarme el aire y de nada han servido los pañuelos que había colocado. Ha sido como el Big Ban. Caigo rendido después de semejante éxtasis, deleitándome imaginando la cara de mi amante telefónica cuando le lleguen las imágenes. Me pregunto si esto de una vez por todas, le pondrá a ella…
Y mañana al todo a 100.
Relato enviado por: La dama de hielo

Verano sin palabras

Parecía un día de verano como otro cualquiera, era un día caluroso y con un cielo muy azul, hasta aquí todo era muy normal, lo que se espera de un día de verano.
Me encontraba de vacaciones en una isla bastante tranquila, la belleza de aquel paraje era increíble. Sus aguas de color turquesa contrastaban con las arenas blancas que formaban sus orillas. Bellos acantilados se erguían como gigantes de piedra.
Era un sitio perfecto para desconectar del mundanal ruido, se respiraba tranquilidad solo el rubor de las olas rompiendo en la arena y los pájaros de mar rompían el silencio. Era un sitio estupendo para tomar el sol completamente desnudo, esto me gustaba e incluso me excitaba enormemente, estar desnudo y así unirme a la naturaleza con toda su energía, pero esa tranquilidad que se vivía se desmoronó al sentirme observado. No muy lejos de donde yo estaba se encontraba una hermosa mujer que no cesaba de mirarme. Tenia cabellos azabaches piel morena y llevaba un vestido vaporoso de color blanco el cual transparentaba su cuerpo. Debajo de su vestido no llevaba nada, únicamente su desnudez más provocativa, me sentí extraño, algo recorrió mi cuerpo, como si una descarga eléctrica recorriese mi espina dorsal en el momento justo que nuestras miradas se encontraron.
Miradas intensas de esas que ya no olvidas jamás, no podía apartar la mirada de sus ojos mientras ella se acercaba a mí. Era increíble, me sentía como hechizado, esos ojos, esa mirada. Cuando al fin pude apartar mi mirada de sus ojos me di cuenta que su vestido vaporoso había sido movido por la brisa de aquella cálida tarde y con ella uno de los tirantes había descendido vertiginosamente por su hombro dejando uno de sus pechos al descubierto.
Ufffff!!!, Era increíble era un pecho firme y perfecto con un pezón sensual, que apetecía morder y más viendo que lo adornaba un aro de brillante plata. Cada vez se acercaba mas a mí solo había dos escasos metros entre ella y yo cuando me di cuenta que mi excitación no era la única que crecía... al verlo ella me dedicó una sonrisa picara mirando mi excitación esta vez claramente corporal.
Allí me encontraba yo no hubiera imaginado ni en el mejor de mis sueños húmedos lo que pasaría a continuación. Ella se paró delante de mí, miraba mis ojos y muy despacio se empezó a poner de cuclillas.
Ufffffff, ese vestido es como si no lo llevase, vi su sexo, su forma, vi como se abrían sus labios cuando se acuclillaba, con sus manos ella apartó los cabellos de mi cara y recorrió mi hombro, mi brazo, mi pierna, uffff!!! esto se ponía de los más duro. Tanta fue mi excitación que de mi sexo broto una gotita brillante, de lo cual ella se percató y como si de una abejita se tratara recogió el néctar con un dedo y se lo llevó a su dulce boca, estremeciéndose de placer. Acto seguido cogió mi mano y la llevo a su sexo abierto por la postura, estaba realmente húmeda y caliente.
Su sexo era suave, muy suave y mi mano se deslizaba de delante hacia atrás por su sexo, con mí otra mano le quité el otro tirante del vestido, ansiaba ver sus pechos desnudos. No pudo ser ya que al descender el vestido quedó suspendido por la dureza de su pezón, estaban duros y firmes como piedras, me empujó hacia atrás y rápidamente se puso encima de mí. Llevó sus pechos a mi boca la excitación y los gemidos nos desbordaban, pronto una ola de calor y placer colmó nuestros cuerpos. Estaba dentro de ella y era una situación que nunca antes había tenido. Su interior aterciopelado me hacia gritar de placer, ella se arqueaba mientras que me cabalgaba profundamente, notaba su humedad que descendía por mis testículos, estaban empapados de su esencia, era increíble, la cabalgada del siglo diría yo.
El clima y el éxtasis reinaban la playa, el silencio fue derrocado por los gemidos de placer, saliva y mordiscos se cosechaban en nuestros cuerpos. Ella se encontraba al borde del orgasmo sus movimientos ahora eran lentos y acompasados. Mi sexo estaba mas duro que nunca. Sabiendo que se estaba corriendo muy despacito, los espasmos y su humedad al compás de sus gritos la delataban hasta que mordiéndome la boca estallé dentro de ella. Era una pasada, nos habíamos corrido los dos sintiendo la energía de aquel sitio. Nos abrazamos y nos tranquilizamos sin decirnos ninguna palabra. De repente, ella se levantó y se fue igual que vino, sin dejar de mirarme. Esos ojos eran especiales, me llegaron a lo más profundo de mi ser, en ningún momento hablamos pero esos ojos decían lo suficiente.
Hoy en día a mis 83 años aún sigo buscando una mirada como aquella. Una mirada que decía tanto... Decía todo lo que hay que decir. Ese verano siempre lo recordaré... De la chica nunca supe más, pero su mirada me acompaña en mis sueños y en mi vida.
Relato enviado por: George

El trakatra del tren

Se oye un silbido y el tren parte puntual. Son las 16:15 en punto. Jodida puntualidad inglesa! Coloco mi maleta a duras penas en el minúsculo espacio que nos proporcionan para ello. Menos mal que mi solícita amiga que me acompañaba, ha cargado con ella hasta la estación y más allá hasta dentro del propio tren. Desconozco la causa que me impedía ser funcional en esos momentos.
El trayecto desde el buffet chino hasta la estación ha sido una cuenta atrás, o una aventura de Indiana Jones en la ciudad. Semáforos en rojo, calles equivocadas…. Y el maldito reloj que no paraba de marcar los minutos. Y entre tanto, nosotras manteníamos una animada conversación acerca de juguetes sexuales. ¿Acaso hay algún momento más propicio para hablar de éstas cosas que aquél en el que intentas alcanzar un tren en una ciudad prácticamente desconocida para ti, y el tiempo te ha vuelto a jugar una mala pasada? La siguiente a la izquierda….”Tenía también unas braguitas de cuero con cremallera…” ¡No, no, no todo recto! ¡Me las acabaron arrancando y rompiendo! En la rotonda a la derecha. “y unas de caramelo…” Ante semejante presión la adrenalina y la libido se disparan en todos los sentidos. ¿O seremos nosotras? Ella es un 4 sexual, tendrá eso algo que ver con todo esto? O tal vez el factor secreto sea el sexo telefónico que mantuve ayer contigo, que hace que me mantenga en éste estado. De todas formas, ¿qué más da? Cinco largas horas de viaje me esperan por delante. Así que tendré que buscarme algún tipo de entretenimiento.
Me dejo caer en el horrible asiento azul ajado del tren mientras temo fervientemente por mi libido. Seguro que ante ésta horrenda visión me abandona hasta más ver o sentir… ¡ Dios mío, apiádate de mí y mándame alguna señal que me haga seguir en éste camino de lo pecaminoso! Tac…tac…¡ y eso ya son dos! Rubio afrancesado a menos diez y macarrilla con barba y gorra en punto. Este último fuera de juego de momento saldando sus deudas con la almohada. Pero ya volverá…
Oh Señor, gracias por esta prueba y regalo. No he decidido todavía cuál va a ser la estrategia. Ufffff, que calor hace. Tal vez debería cambiarme de ropa…. Eso es, voy a utilizar la de tengo tanto calor que me voy a poner algo más fresco. Me levantó y me acerco a dónde está mi maleta, casualmente justo al lado del francesito. Me inclino sinuosamente no sin antes dedicarle una mirada cargada de lujuria e inocencia. Él me corresponde con la suya y una ligera sonrisa lateral. Ya está, le falta poco par a caer en mis redes. Me siento. Coloco una pasmina impidiendo que los de atrás puedan ver. Sólo él puede hacerlo. Empieza el espectáculo. Me quito el jersey, le miro. Me quito la camiseta de forma disimulada dejando entrever sólo por un segundo mis senos, le miro. Esta vez finge que no me está mirando. Pero noto su pulso in crescendo. Me pongo otra camiseta, le miro abiertamente, desafiante. Por último, le toca el turno a mis pantalones. Me deslizo en el asiento, dejando caer súbitamente mis pantalones hasta los tobillos. Su cara refleja la inmensa incredulidad ante lo que ven sus ojos. Me pongo los otros. Está todo hecho. Dejo que su mente y su corazón se aceleren por momentos. Unos minutos para que la expectativa vaya aumentando. Después me incorporo lentamente y meneando mis caderas con estilo me planto en la puerta del baño. Me giro tímidamente y le miro de soslayo. Entro dentro y empiezo a contar hacia atrás. Cinco, cuatro, tres…. Antes de llegar a cero la puerta se abre con decisión y allí aparece mi regalo de media tarde. Me empuja hacia la pared, firmemente pero con suavidad. Me levanta y me coloca en sus caderas, no sin antes arrancarme el botón del pantalón y bajármelos hasta donde dejasen de molestar.
Besos salvajes a traición, sus manos estrujando mi pecho. Y una mano maestra mimetizada con mi vulva. Con la mía busco su punto de apoyo, y allí lo encuentro firme esperándome. Descubro toda su extensión. La recorro una y otra vez. La tiene tan dura que pienso que va a reventar. Me corro de placer, de notarle tan excitado. Parece que esto también le motiva a él. Sin mediar media palabra me penetra con fuerza. Entre el vaivén del tren y el de nuestros sexos todo tiembla a mí alrededor y dentro de mí. Sigue penetrándome, empujándome contra la pared y mordiendo mi pecho derecho. No puedo con tanto placer. Vuelvo a correrme. Parece que él tiene mucho aguante. Sigue así durante un buen rato. Después se sienta en la taza y yo sobre él. Mi frente choca contra la puerta, pero no me importa. No lo siento. Sólo noto su gran miembro desfilando dentro de mí. En éste momento soy toda tuya. Y todo tú eres mío. Cojo su pene entre mis manos y lo coloco entre mis pechos. Me muevo arriba y abajo. Y en una de éstas me lo meto en la boca. Él suspira de placer. Sigo. Subo y bajo, con la lengua lo recorro por entero. Otra vez dentro. Siento que llega el momento. Lo saco y lo vuelvo a colocar como al principio. Y allí encima de mis mamas calientes desparrama todo su placer.
Ha sido fantástico. Nos vestimos. Sale el primero. Y al rato voy yo. Sólo tengo una pena. Y es que el macarra no se haya despertado. Qué no hubiera pasado sino…. Relato enviado por: La dama de hielo

Playa Gaviota

Estaba de nuevo en esa fantástica cala de arena blanca y fina y aguas transparentes. Era el día de navidad y no se me ocurría mejor sitio donde estar. A ratos leía, a ratos observaba a la gente. No era una playa nudista en su totalidad. Pero había mucha desnuda y una no puede evitar darle placer a los sentidos.
En uno de esos momentos de observación meramente científicos..., salió del agua un Adonis del surf. Tabla en la mano izquierda y un ceñidísimo traje de neopreno negro y gris que delimitaba su esbelta figura. Larga cabellera del color del oro y 3 pendientes a un lado y un último en el otro.
Menuda pinta de chulazo, chulo playa. En cuanto le vi, supe que iba a ser para mí. Uhmm, sabroson. Nuestras miradas se cruzaron y me giré totalmente para que pudiera apreciar mi busto. Él también supo que iba a ser mío y se prestó a ello gustosamente.
Pasó a mi lado, le miré intensamente con una mirada libidinosa. Dejó caer la tabla al borde de mi toalla. ¡Hola, que tal! Soy George, nunca te había visto por aquí. ¿Cómo te llamas? Celia le contesté yo, mientras le devoraba con mis ojos de colegiala inocente. El resto os lo ahorro.
Charlamos de cosas varias mientras nuestros cuerpos estaban cada vez más cerca y vibraban en la misma sintonía. Le miré, le deseé, le seduje. Cogió su tabla y me llevó de la mano a las rocas. Allí nadie nos vería y de todas formas, ¿acaso importaba?
No podíamos reprimir nuestro deseo y por el camino comenzamos a besarnos ardientemente. Según llegamos a las rocas, me tumbó encima de su tabla. Comenzó a recorrer mi cuerpo con manos de experto y lengua de sabio. Soltó hábilmente las cintas de la parte de debajo de mi minúsculo bikini brasileño y me deleitó toda entera.Buceó en mis adentros, en mi superficie, en mis costados en donde quiso él y quise yo. Me lamió por completo, pero seguía pareciendo sediento. Saqué un pecho y le di de beber. Estaba ávido de placer, consumió de ambos. Mientras tanto sus manos trabajaban en mi entrepierna con gran maestría.
Ahora me tocaba a mí. Le cogí de los hombros, lo acorralé sobre la tabla y me monté encima. Abrí con fuerza su cremallera, disfrutando de su escalofrío. No me defraudó. Su torso desnudo invitaba al banquete. Comencé a acariciar sus pectorales con mis manos, mis dedos. Después con mi lengua. Él se iba derritiendo poco a poco. Nos besamos con pasión y desenfreno. Coloque mis pechos sobre el suyo y con movimientos delicados fui bajando hasta donde parecía que el traje iba a explotar. Bajé hasta su miembro besándole por entero. Metí mis manos a través del neopreno y tomé con suavidad pero firmemente ese gran regalo de la naturaleza.Seguí bajando la cremallera hasta finalmente despojarle de todo el traje. Tenía un tattoo desde el glúteo izquierdo hasta más abajo de la rodilla, y otro en la espalda. Me volví loca, me encantan los tattoos. En ese momento me di cuenta de que su joya iba coronada con 2 pendientes. Madre mía, ese chulazo era una caja de sorpresas y placeres escondidos.
Mi lengua recorrió su sexo, jugueteé un rato con las anillas. Lástima no tener un poco de sandía para poder colocársela justo ahí....De todas formas, me supo a gloria.Nuestras manos no paraban de tocarse mutuamente y nuestros cuerpos se restregaban cada vez más y más. Más y más calientes y con más y más fuerza.Estábamos al borde del colapso, y entonces, sólo entonces me hizo suya. Al principio lentamente, salía y entraba. Disfrutando, haciéndome sentir cada instante. Cada visita. Después cada vez con más fuerza y rapidez. Le pedí que no se moviera, que me abrazara y besara estando dentro de mí.
Volvimos a cabalgar y en un momento me cubrió con su parafina. Me agarró de los brazos y me atrajo hacia él besándome a pleno pulmón en un intercambio sin fin. De pronto, miré la hora y me di cuenta que el tiempo había volado y nosotros placenteramente en él. Pero debía marcharme, porque mi marido y los niños me esperaban para abrir los regalos. ¡Yo ya había tenido el mío!
Gracias Santa, éste año te has portado. Prometo ponerte algo más que leche y galletas el año que viene. ¡FELIZ NAVIDAAAAAAAAAAD!
Relato enviado por: La dama de hielo

23 febrero, 2008

¿TIENES TOTALMENTE CLARO QUÉ ES EL VIH/SIDA? Por si te quedan dudas, te aclaramos algunas de las más básicas que tod@s deberíamos saber: ¿Qué es el VIH/SIDA? VIH: Virus de la Inmunodeficiencia Humana, que puede o no, desarrollar el SIDA: Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida ¿En qué fluidos se encuentra el VIH ? Tenemos que tener claro que solo se encuentra en los siguientes fluidos: sangre, semen, flujo vaginal y leche materna. ¿Cómo se produce la transmisión por vía sexual? La transmisión del virus se produce cuando éste pasa del semen, flujo vaginal o sangre de una persona infectada a la sangre de otra persona, a través de lesiones o heridas muy pequeñas, que se puedan tener en pene, vagina, ano o boca. ¿Prácticas de riesgo? Alto riesgo: * Penetración anal * Penetración vaginal Riesgo posible: * Prácticas con eyaculación en la boca Sin riesgo: * Masturbaciones mutuas * Besos íntimos * Besos buco-anales (con boca sana) *Caricias, Masajes, etc. ¿Cómo no se transmite? No se contagia con las actividades de la vida normal, ningún amig@, familiar, profesor, compañer@ de clase, trabajo, etc., ha sido contagiado por la convivencia diaria. ¿Tienes más preguntas? Te explicaremos cómo se pone un preservativo y aclararemos las dudas que te hayan quedado, pero ten claro que protegiendo tu salud, se puede disfrutar del sexo y pasarlo bien. HARRI BELTZA HIES-AREN AURKAKO OIARTZUNGO ELKARTEA ASOCIACIÓN ANTI-SIDA DE OIARTZUN

08 febrero, 2008

Retazos de vuestra piel

Haz de mí tu mayor puta. Pero no me beses dice La Dama de Hielo en"Poséeme". Entonces ¿qué buscas? A ti... para sentir tu gozo. Contesta entre suspiros Deia con "Buscando". Y buscando, buscando, llegamos a otra sala. Hagan juego Señores, bienvenidos a "La Ruleta Rusa". La muerte lleva nombre de falo y lo quiero entero para mí. Así acaba el relato que nos ha envíado La Dama de Hielo. Y esta frase nos deja "Sin Palabras". Oliéndote el aliento apasionado de tu miembro que quiere saciar toda la sed vaginal. O eso nos cuenta La Deseada. Nos hace conscientes de las "Presencias" que nos hacen descubrir que no solo tenemos 5 sentidos y que ni el deseo ni el placer son finitos en manos de La Dama de Hielo. Por eso continuamos nuestro camino "Allegro ma non tropo" escuchando gemidos de Mezzosoprano y suspiros de Tenor de nuevo a la vera de La Dama de Hielo. Y así, sin apenas darnos cuenta llegamos a "México, México" donde los modelos cazan a las masajistas al vaivén del agua y de Kostaldeko Lamia. Todo ello en "La Ciudad del Zapato" donde soñé que mis deseos tomaron cuerpo a la medida de La Dama de Hielo. Y entonces apareció "Ella" la única persona que me hacía sentir el mundo a mis pies gracias a Kalimera. Mas al rato "Despierto". Tu cuerpo desnudo respira el placer del éxtasis, susurra Deia. Pero se tapa y se convierte en "Enmascarada" que tras una dura batalla se desploma sobre mí como una diosa del sexo insaciable como refleja Perolito.Y de fondo se escucha una voz pidiendo "Más" buscando el placer en cada caricia, manos que dan y boca que recibe la sensualidad hecha realidad. ¿Será la voz de Belén? Menos mal que entre medias se vislumbra un "Retratode luz" que no sólo será un cuadro de mi piel, sino huella en mi memoria. Como le decían al Pintor A. Intentaba seguir "Despertando" cuando te giraste y nos besamos transmitiéndonos todo lo que sentíamos sin palabra alguna... suspira Kalimera. Prendiendo de nuevo la llama del "Deseo". ¡Mmmhhhhm!, ¿que escondes bajo ese escote? Sólo Deseo. Contesta Pekitas. Miro por la ventana dándome cuenta de todo el tiempo que ha transcurrido y contemplo "El Atardecer de la Playa". Estábamos embriagados de placer y morbo con algún mirón encima... y nos corrimos de gusto. ¿Verdad que si, Sérpika? Aún así tendríamos que pasar "El Casting". El tal Charly se acercó a mí, respire con mi vagina. Dejó caer su mano en la pecera. La que elige es La Dama de Hielo. Y claro, no hay elección sin que haya "Dejamientos". Aunque ella dice que cuanto más le dejan más plena se siente. Se nota hasta en su "Piel deLáudano Destapada". Como el Pintor A, que se dejó arrastrar por el calor que desprenden y nos pidió nuestra compañía para que las musas no se enfriaran. Pufffff, llegados a éste punto, necesito una Mousse de Chocolate. Aunque me acordé de lo que leí hace poco. Cogí la mousse y la unté en su pene, empezé a lamerlo.... ¡qué golosa es Sérpika! Enciendo mi ordenador y me encuentro con "Euskal Sex". El mejor cyber sexo con Eusko Label en la Bandeja de Entrada de Kostaldeko Lamia. Nos hemos embarcado en un largo viaje a bordo del "The Love Boat". Hasta que por megafonía nos anuncian la próxima estación: "Lujuria". Aquí se baja La Dama de Hielo. Este es el final del trayecto, una vez pasado Lujuria no podríamos llegara otro sitio sino a ExpoErotikus. Allí nos encontraremos todos este fin de semana apasionante y totalmente erótico. Los ganadores del concurso podréis hacerlo de forma totalmente gratuita y en compañía. Buena o mala... eso lo elegirá cada uno.... Os agradecemos eternamente vuestra generosidad al compartir vuestros relatos, fantasías, sentimientos más íntimos o vuestras experiencias. Gracias a absolutamente todo aquel que de alguna forma u otra nos ha acogido y sustentado con tanto cariño. Sabeis que éste seguirá siendo vuestro Txoko Erotiko, por siempre jamás. EROTIKUS Los nombres de los premiados son los siguientes: CASTELLANO: La Dama de Hielo Kalimera Deia La deseada Perolito Belén Pekitas Sérpika Anuska Pintor A. EUSKERA: Kostaldeko Lamia FRANCÉS: Nicole Para conseguir vuestras invitaciones, sólo teneis que mandar un email a la misma dirección de siempre. Indicando claramente vuestro nombre y apellido. Para recoger las invitaciones, premiados, será imprescindible que mostreisvuestro DNI. ¡ENHORABUENA Y QUE DISFRUTEIS DE LA FERIA! Seguiremos esperando vuestros ansiados relatos... Erotikus

07 febrero, 2008

Poséeme

En silencio, a traición, por detrás.... Estrújame contra la gélida pared de mármol blanco. Rasga mis vestiduras, destroza mis bragas. Penétrame, taládrame, explota dentro de mí... No permitas que me mueva ni que respire de manera acompasada. Haz que mi espalda se arquee tirando de mi larga cabellera. Muerde mis lóbulos. Llévame a la locura de los sentidos, al éxtasis liquido de nuestros sexos. Al no pensamiento, a la no acción. Al paraíso de la pasividad y vulnerabilidad. A la terapia corporal. Al sudor frío, a correrme de miedo. Haz de mí tu mayor puta. Pero, no me beses. No mancilles mis labios que huyen de la peor de las enfermedades, la mentira... Permíteme que los mantenga intactos, inmaculados... cómo mi himen y mi dignidad. Relato enviado por: La Dama de Hielo

Buscando

Qué buscas? A ti ¿Qué quieres? Soñar ¿En qué? En tenerte ¿Por qué? Para sentir ¿Qué cosa? Tu gozo. Relato enviado por: Deia